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domingo, 13 de abril de 2014

Historias de Finnick Odair. Capítulo 35, Amistades rotas.


Me paso el resto del día haciendo natación y pesas, necesito liberar adrenalina de manera que pueda utilizarla como un beneficio y no para cometer algún delito. Es esa la adrenalina que cada vez, que veo un estandarte de Lili y Nathan, me anuda la garganta y me pide que sea liberada con alguna pelea. Al final del día, dejo de negar la evidencia y me voy a la habitación para ver el desfile de tributos. 


Pero, cuando estoy cogiendo varias toallas del armario para ducharme, una sombra en la oscura habitación, atenaza mi seguridad. Preparado, me acerco y veo que el ser, respira profunda y tranquilamente. Ajustando la vista a la poca iluminación, veo que sobre la cabeza tiene una maraña de pelo rizado, que es un poco más alto que yo y que parece estar dormido. 

Luck, me digo inmediatamente. Me acerco lentamente y con suavidad le tapo, para que no pase frío. Pobrecillo, está fatal desde que dijeron el nombre de Lili en la Cosecha. Y es curioso, nunca me percaté de que entre ellos hubiera algo cómo una relación amorosa, los creía amigos. Además siempre que los veía juntos, se trataban cómo los perros. Y además, estaba tan ciego con mi dolor, que no podía ver a más de un palmo de mis narices. Así que hizo falta que Lili se fuera, para que los viera besarse. O mejor dicho, me descubrieran a su manera, lo que había pasado por alto, su secreto.

Entro en la ducha con una cantidad ingente, jamás soñada, de ideas que rondan mi cabeza. Con el agua caliente, florecen en mi cabeza cientos de momentos, en forma de imágenes. Annie, haciéndome una caída de ojos, mis padres revelándome insconcientemente que son revolucionarios al coger más comida de la permitida, mi madre prohibiéndome ver los Juegos del Hambre, mi padre acercándome con el barco a la frontera del distrito para que intente ver algo del distrito 13,... Y así muchas más. 

Me doy cuenta de que no sé nada de la gente que me rodea, porque he sido egoísta. Egoísta y poco fiable, porque si mis amigos no confiaban en mí para decirme que eran pareja, qué no me contarían ni aunque le amenazaran la vida. Una idea surge con fuerza desde mis adentros. Sé que llegará el día en el que tenga que ir a los Juegos y por eso, quiero conocer a mi gente. No de la forma superficial, en la que lo hacía antes, sino saber cuáles son sus metas, sus aspiraciones, sus dichas y desdichas. Quiero conocerlos, con todo el sentido de la palabra. Así que salgo de la ducha con un pensamiento en la cabeza.

Me lío una toalla a la cintura y salgo a la habitación donde enciendo la luz, para que Luck despierte, mientras que yo me voy vistiendo. Al principio, no hace nada, pero mientras van pasando los segundos, su cuerpo va adquiriendo movilidad, cómo si se estuviera descongelando. Al final, cuando estoy casi totalmente vestido, veo que abre uno de sus ojos guiñando el otro. Nos miramos durante un instante y al fin habla.

- Joder Finnick, ¿No había una manera más suave de despertarme? - me reprende. 

Aunque su aspecto es serio, puedo ver la ironía, así que me dejo llevar - Te hubiera despertado cómo lo hace la gente normal. Pero, ¿Sabes cual es el problema? Que al final terminaremos los dos enfadados, así que esta es la mejor manera - le digo.

- ¿Otra vez con lo mismo? Ya te dije, que fue un accidente. Estaba tan oscuro...

- ¿Pero tú te acuerdas del tajo que me diste en todo el abdomen? - le recuerdo, entre risas.

- Venga Finnick, si el tajo se lo llevó entero el pijama. Ni siquiera te hice sangre... -recuerda con añoranza por los viejos tiempos.

- Vale Luck, tenemos opiniones distintas. Pero se nos acaba el tiempo y sabes qué...¡Tenemos 10 minutos para acabar y marcharnos, así que date prisa! - digo alterado por lo poco que falta. 

- ¿Pero que pasa? - pregunta poniendo esa cara de inocencia que me suena tanto.

- Lo sabes Luck. Así que venga vístete, que nos queda poco tiempo - le digo, con impaciencia, mientras termino de atar los cordones.


- Sabes, creo que no quiero ir. Prefiero quedarme aquí y pensar en todo esto.

- No seas tonto Luck, ¿Acaso no quieres ver a Lili vestida de gala, tan guapa y admirada por todos? - le pregunto. Lo que he dicho es un poco superficial, pero quiero liberar la tensión acumulada - Además seguro que nos lo pasamos bien...

- No, no quiero. Quiero estar solo, quiero pensar en todo lo que está pasando - me confiesa. Aunque lo quiere ocultar, parece sus ojos están húmedos.

- ¿Acaso quieres perderte, una de las últimas veces que vas a poder verla, antes de que pierda su humanidad por haber matado? - le pregunto sin dar crédito a lo que veo. Y lo que veo es a un amigo, bueno mejor dicho, a un hermano, derrotado y sin ánimos para luchar, frustrado por los acontecimientos. Es la primera vez que lo veo así y me doy cuenta, de que llevaba tiempo de esta forma, pero estaba tan preocupado por mis penas, que no vi a un hermano cansado con todo y de todos. Esta es una de las consecuencias de mi ceguera, que es un amigo sin ánimo para nada, sin ganas de vivir. 

Así que me pongo una chaqueta de cuero negro y miro al suelo, intentando pensar en algo. De pronto, se me ocurre que quizás con un ultimátum, le haga reaccionar. 

- De modo, que te vas a quedar aquí y me vas a dejar solo - nos miramos largo rato en silencio, sin articular palabra - Sabes, haz lo que quieras, yo me largo. 


Así que me giro y me dirijo a la puerta. Abro y salgo dando un portazo. Pero me quedo allí clavado, no me puedo creer que no me halla detenido. Bueno que haga lo que quiera, ¿no? Es bastante mayorcito para saber lo que quiere y lo que no. Voy hacia el comedor sintiéndome raro, por las miradas que atraigo. Teniendo en cuenta que siempre voy con el mono de entrenamiento, las chicas se han acostumbrado a verme con él puesto y ahora que voy bien vestido, parecen lobas hambrientas, aunque sólo llevo una camiseta blanca, vaqueros azul oscuro, deportivas blancas chaqueta de cuero negro. 

Y eso que hay chicos mejor vestidos que yo, ninguno me eclipsa. Vamos, ni que fuera de gala. Aterrado por tanta curiosidad ajena, me voy a la mesa habitual que compartimos Jeff, Jareth, Luck y yo. Me siento al lado de Jareth que parlotea sobre las novedades de la arena este año. Cada escenario es secreto hasta que van a salir los tributos de sus lanzaderas y es indudable, que será igual como todos los años, duro y difícil. Miro momentáneamente el símbolo del capitolio en el televisor gigante.

Van pasando los minutos y el ruido de los nerviosos espectadores va aumentando, conforme el ruido de mi estómago me advierte que tengo que comer ya. Llevo sin probar bocado desde el desayuno y hoy encima me he entrenado con especial energía, así que estoy muerto de hambre. Miro en todas direcciones y veo que hay gente que está en la misma situación que yo. Me levanto un momento y diviso que en la zona más alejada del comedor hay comida, pero no parece que sea una comida muy contundente. Bueno algo es algo, así que cojo una bandeja y me hecho de todo. 

Al fin llego a la mesa, justo para que los profesores empiecen su discursito. Cómo hay niños recién llegados, no saben bien de que va todo esto del desfile, así que se lo explican. Una vez comprendido, recitan los nombres de todos los tributos, sus distritos, sus edades y alguna característica, para que los espectadores sepan que armas pueden llevar. De pronto, el televisor se queda en negro y da paso a una multitud de capitolianos gritando y vociferando todo lo que ven. 

Llevan ropas estrambóticas y extrañas. Me quedo anonadado por el colorido y se escucha al presentador Caesar Flickerman, dando la bienvenida a los nosecuántos Juegos del Hambre. Me pregunto si llevarán el cálculo de todos los adolescentes muertos por culpa de sus jueguecitos. El recorrido que harán esta noche, es un paseo sobre carros en medio de la multitud capitoliana y al final espera el gobierno a darles la bienvenida. Discursito del presidente y listo. Esto es simplemente, para que conozcan a los tributos, a los que verán morir sin inmutarse. Se abren las puertas correderas y empiezan a salir tributos. Cómo siempre, los primeros distritos van con las mejores ropas. 

Desprenden originalidad, lo que les da más puntos para conseguir buenos patrocinadores, que en muchos casos te pueden salvar la vida, gracias a las raciones de comida, agua o medicamentos, necesario si quieres vivir. Aunque sea el tercero y el que abastece de objetos electrónicos al país, este distrito nunca suele llevarse los vítores. Sus ropas no te llegan, no resultan para nada originales, cómo este año, que llevan luces colores por todo el cuerpo. 

Pero cuando sale el nuestro, el distrito 4, nos quedamos gratamente impresionados. A Lilieth, la han convertido en una preciosa sirena. Por supuesto, sus pechos están cubiertos con dos conchas y lleva perlas en el pelo. Su cuerpo está cubierto como con un vestido-cola de sirena. Todo lo demás que está expuesto, reluce cómo si acabara de salir del agua y en conjunto le da un aspecto muy sexy. Nathan va representando a un sireno, con todo el torso descubierto, lo que le da un aspecto poderoso. 

Ambos lanzan besos al aire y se centran en ser vistos. Me doy cuenta de que entre ellos, el espacio en el carro, es notablemente grande. ¿Qué puede haber pasado? Los demás distritos no impresionan demasiado y a medida que el número del distrito es mayor, los vítores son cada vez menores. Casi todo el espectáculo nos lo llevamos los distritos profesionales. Se ven tributos, vestidos de árbol o incluso de vaca. A los pobres del Distrito 12, los han vestido con la mínima ropa y les han cubierto el cuerpo de polvo oscuro, imitando al carbón de sus minas. 

Terminan el recorrido y se paran a escuchar el discursito del presidente. Cuando esto finaliza, se calla absolutamente todo el mundo y no entiendo lo que pasa hasta que suena el himno nacional. Nadie es capaz de emitir ruido alguno, sería cómo burlarse del gobierno e incluso de toda la nación. Terminado el himno, el presidente los despide y los tributos se van a cenar con sus mentores y estilistas. 

Todos damos un gran aplauso, nuestros chicos lo han hecho muy bien. Mientras cenamos, se van viendo las cosechas de los demás distritos. Hasta el quinto distrito, todos los tributos son voluntarios, menos Lilieth que fue con la urna. Pero sólo hasta ahí, porque es cuando empiezan a sacar nombres de las urnas para ir a los Juegos. En el distrito 12, vemos a familias aterradas y me llama la atención una niña, con el pelo oscuro y tiene la cara llena de felicidad, cosa que no concuerda con la situación general. 

Con otro plano, veo que su felicidad está justificada, porque un hombre de pelo oscuro y una mujer rubia, la tienen cerca de ellos y veo al instante el parecido entre ellos y la pequeña. Vivirán en el distrito más pobre de todo el país, pero eso no les perece apenar. Y me doy cuenta de que se puede ser feliz en cualquier distrito. Rico o pobre. Profesional o no profesional.

                                                                        FIN.

Historias de Finnick Odair. Capítulo 34, Amigos que se marchan.

La calle está abarrotada de gente que marcha hasta la plaza. Nunca me había dado cuenta del montón de gente que se ve obligada a presenciar la Cosecha. Al llegar a la entrada de la plaza, unas mesas altas de más de un metro y medio, nos esperan. Unos agentes de paz muy serios esperan, para que pasemos uno de nuestros dedos por un sensor que nos identifica, haciendo el recuento de ciudadanos y que no escape nadie. Tras haber pasado, nos colocamos por edades y mi grupo se queda el último. Luck, está en el grupo de delante mío y los otros, Jeff, Jareth,... más adelante aún. 

En mi grupo hay muchos chicos cómo yo y estamos muy apretados, pasando calor y siento que me ahogo. Necesito saber donde está Annie, que está bien, a salvo. A dos metros, más o menos, se encuentra otra fila de grupos por edades, pero esta vez formadas por chicas. Nos miran aterradas, saben que alguna de ellas estará subida en la tarima en menos de media hora. Y alguno de nosotros tras ellas. 

Tras haberse llenado la plaza, veo a Annie y su madre. Annie me mira con preocupación y desde donde estoy le mando fuerza, por si acaso me tiene que ver en las pantallas. Me siento mal por ella, porque mientras duren los juegos, no podrá pescar nada, sólo podrán comer lo que tengan guardado. Y yo en la academia, comiendo sin preocuparme porque nos quede poca comida en la despensa. 

Una señorita joven, guapa con ropas muy extrañas sube tras haber mantenido una larga conversación con el alcalde. Es alta, delgada, ojos oscuros, cara redondeada y parece ser buena gente. Tiene el pelo muy largo y negro con reflejos azules, ojos grandes y boca pequeña, maquillada de rojo. Lleva puesto un traje azul eléctrico oscuro y unos tacones, demasiado altos. En lo más alto lleva el pelo recogido, que le da un aspecto elegante. 

Se para a hablar con una mujer de igual estatura y que tiene el pelo marrón, pero que tiene pinta de ser mayor...¡Es Mags! ¿A donde a ido a parar, toda la cirugía que llevaba cuando la conocí? Se estrechan las manos y la señorita se vuelve hacia el alcalde, le asiente y se sienta en una bonita silla que tiene aspecto señorial. El alcalde sube y enciende el micrófono que hay especialmente para él. Nos habla de los Días Oscuros, del sufrimiento y del resurgimiento de la paz gracias a que se hicieron los 12 distritos. Como de pasada comenta lo que le pasó al distrito 13, cómo si hubiera sido un "accidente".

Cuando termina, la mitad del distrito está al borde de un ataque de calor. Es bochornoso. Las chicas se muerden las uñas con avidez y desearía poder escaparme. Con parsimonia, sin duda para quedar estupendamente delante de las cámaras, la señorita del Capitolio se acerca a las urnas. A la izquierda la de los chicos, a la derecha las chicas. Coge el micro en una mano y se acerca hasta la urna, para decir con claridad el nombre de la "afortunada". Antes de preguntar nada dice - ¡Que la suerte esté siempre siempre de vuestra parte! - y sonríe de forma deslumbrante. Pregunta si hay voluntarias. No se oye nada, sólo un tenso silencio que recorre la multitud. Así que con la voz entusiasmada, dice - ¡Las damas primero!

Y con una enorme sonrisa, la señorita del Capitolio remueve la urna de nombres. El distrito contiene el aliento. Hijas, hermanas, primas, sobrinas, amigas, todas contienen la respiración. Al fin, la del Capitolio, saca un nombre. Se acerca el micro a la boca y mira a la multitud femenina que guarda la respiración a dos metros de nosotros. 

- ¡Lilieth Scott! - grita.

Me giro aterrado y miro a la chica que lleva detrás de mí desde que entré en la academia, tiene que ir a los juegos. La miro con la boca entreabierta, sin creérmelo. Ella adopta una compostura honrosa y se dirige a la tarima, seria. Cruza las manos a sus espalda y dice su nombre todo lo entera que se puede estar en un momento así. La miro de medio a medio, ahora no parece una niña dulce, esa a la que yo conozco, sino una chica que se va enfrentar a los otros tributos, que seguramente valla a matar... que difícil es todo.

Pero no me puedo olvidar que yo también puedo ir a los juegos, así que me recompongo. Por suerte nos a dado un minuto a todos para que pensemos y nos centremos en el asunto. Así que ahora, se acerca a los chicos, a los que nos pregunta otra vez, si hay voluntarios. Inmediatamente, un chico llamado Nathan Hunter, musculoso y fuerte, con la cara cuadrada se presenta voluntario. Tiene 15 años y siempre se quejaba que éramos unos cobardes por no desear que fueran los ya juegos. 

Sube al escenario, se presenta y se marchan los dos tributos profesionales a ver por última vez a sus familias. Yo no sé si ir a ver a Lilieth, para darle suerte o simplemente para que sepa que no me olvidaré de ella. 

Me uno a Luck y me mira apenado. Le pregunto si quiere ir a ver a Lilieth, no sé, para darle ánimos o algo. Así que nos acercamos a la parte trasera del escenario, aunque se hace difícil, por todas aquellas personas que vuelven a casa tras la Cosecha y que nos impiden el paso. Tras el escenario, hay una pared enorme gris y una puerta oscura, custodiada por dos Agentes de paz, fuertemente armados.

Inmediatamente sé que tengo que poner rostro dulce para ver si así, podemos pasar. Entrelazo mis manos por debajo de la altura del estómago, para dar la impresión de inocencia y unos ojos expresivos, con un poco de humedad, quizás pueda parecer su hermano o algo así. Recuerdo que no voy solo y para que el plan salga bien, Luck, debe parecer abatido ya que se supone que somos familia. 

- Luck, debe parecer que somos familia de Lilieth, pon cara triste y deja que yo hable, ¿De acuerdo? 

Asiente y me mira con pesadumbre, parece querer decir que no le cuesta nada parecer abatido. Realmente Lilieth se hizo un hueco entre nosotros, haciéndose querer. 

Nos acercamos a los agentes y me pongo a un metro, más o menos del más alto y musculoso. Tiene pinta de ser mayor, más de 50. Lleva un traje blanco con franjas de color celeste en los costados y a los lados de las piernas. No hay tiempo que perder, así que pongo a actuar mi apariencia inofensiva.

- Señor, quisiera entrar a ver a uno...

- Será mejor, que te marches o serás arrestado - contestó muy serio, cosa a la que yo no temí, a los chicos en edad de ir a los Juegos y que sobre todo estaban en la academia, teníamos la suerte, de que no podían hacernos prácticamente nada y él lo sabía, aunque esperaba que yo no lo supiera, por supuesto. 

- No oiga - le dije muy tranquilo - un familiar mio, está esperando a que le visite, así que por favor déjeme entrar, tan solo 5 minutos. Sólo necesito eso - dije. Aunque mi apariencia fuese la de un niño bueno, mi expresión no debería ser muy alegre ya que me tomó en serio. 

- ¿Estáis en la academia? - preguntó, pero me pareció que ya sabía la respuesta.

- Sí.

- ¿ Y vais juntos vosotros dos? - y nos señaló a mí y a Luck.

Asentí.

- Bueno, podéis entrar pero deberéis dejar vuestros nombres en los registros - nos abrió la puerta con una llave muy rara. 

Volvimos a asentir pero Luck estaba reacio a dejar su nombre por ahí, en los archivos esos que a saber quién se iba a enterar de que habíamos estado allí. Pero no hay muchas más opciones, o entramos y dejamos nuestros nombres, apellidos, ocupación y al tributo que queríamos visitar o nos íbamos de allí si verla antes de que se marche. Suerte que al estar más cerca del Capitolio, los tributos se puedan tranquilizar y ver durante más tiempo a la familia y amigos. No cómo en el Distrito 12, en el que no te dejan más que unos minutos con ellos y todo por la distancia. 

Tras poner todo lo necesario en los archivos, entramos en una sala, con ventanas que dan a la plaza y que inundan la habitación de luz solar. Hay una moqueta azul, varias sillas y las paredes están decoradas con papel en franjas azul y celeste. Se oyen pasos amortiguados y cuando intento descubrir cuantas personas pueden ser, entran en la sala dos agentes de paz y Lilieth, que lleva un vestido rosa claro, sandalias y el pelo lo tiene recogido en una coleta. Nos dejan a los tres solos, para que hablemos un poco. Está muy guapa y a Luck, se le cae la mandíbula de incredulidad. 

Yo sin embargo, me hecho a sus brazos. Al fin Luck, reacciona y se acerca. Se dan un abrazo. Nos reímos un pasamos un cuarto de hora, genial. Pero, nos debemos marchar y sin previo aviso, Luck en vez de besarle en una mejilla le da un beso en todo los labios. Jamás me lo hubiera planteado. Nunca se llevaron bien, pero ahora parece que encajan hasta en lo más mínimo. 

Se nos acaba el tiempo y salimos de allí con pena. Nos despedimos de ella diciéndole que la queremos. A la salida, nos encontramos con los mismos Agentes de paz que había en la puerta. Nos dicen que debemos ser una familia que se quiere mucho porque los hermanos normalmente no se dan tantos besos. Lo miro con odio y nos marchamos de allí.

Nos damos un abrazo, sólo con esto nos lo decimos todo y cuando vamos a la academia Annie, se me hecha encima y me da un abrazo. Dice que se alegra de que halla honrado a mi padre, al no haberme presentado. Le contesto que estaba aterrado como para hablar. Nos despedimos y al llegar a la academia Aaron, me dice que habrá que seguir entrenándose, para ser un buen luchador. Puedo ver en sus ojos que está decepcionado por no haberme presentado voluntario. Sinceramente, ya me da igual lo que piense. 

Unas horas más tarde vemos por la pantalla de televisión del comedor, que nuestros compañeros y tributos, entran en la estación del tren de alta velocidad que los llevará hasta el Capitolio. Lilieth tiene los ojos un poco rojos, parece cómo si hubiera llorado hace poco y no me extraña, porque yo estaría igual. 

Sin embargo, Nathan el otro tributo de nuestro distrito, está contento, muy contento. Mira sonriente a las cámaras e incluso se para junto a una periodista muy mona para que le pregunte todo lo que quiera. Se acercan al tren y cuando Lilieth va a subir, el bruto de Nathan la empuja y la mira con odio. Parece increíble, que un día ellos fuesen novios. Se despiden de todos saludando por las ventanas laterales. Mañana por la mañana despertarán llegando allí. Vemos cómo el tren se va alejando y me pregunto si los volveré a ver a alguno de los dos. 

Lo más que se le puede pedir a los juegos es una muerte rápida e indolora, así que rezo por que Lilieth, tenga una muerte así. Aunque nunca se sabe, porque cómo no les gustes a los creadores de los juegos, pueden matarte y hacer parecer que es acto de los otros tributos. Me voy a dormir pensando en la enorme suerte que he tenido, porque me veía participando en los Juegos con tan solo once años. 

Historias de Finnick Odair. Capítulo 33, Pesadillas de muerte.

Me encuentro en la habitación y miro con terror el calendario que nos proporcionaron los profesores para ir haciendo la cuenta atrás de los días hasta la Cosecha. Se me hace increíble que falte tan poco, sólo 5 días. 5 días para que 24 chicos y chicas se tengan que matar para que uno sea el ganador.  Y por si fuera poco me he visto sobreviviendo a una semana horripilante en la que los esfuerzos que hacíamos eran insuficientes, para nuestros instructores. Cada vez más difíciles, más agotadores, mas insoportables. 

Sólo he conseguido mantenerme con cordura con el recuerdo el beso que me dio ella tan cerca de mi boca que todavía me hecho a temblar. Esa niña, la preciosa tejedora de redes del distrito 4, mi Annie. Sería insoportable, tener que marcharme a los juegos y que ella me vea morir por una de esas pantallas gigantes que tenemos en la plaza Mayor, donde se hacen las Cosechas. 

Me desperezo y mi compañero hace un ruidito con la garganta a modo de protesta por despertarlo. Me río y me visto tras haberme aseado. Dicen que hoy nos tienen preparada una sorpresa, a saber lo que será. ¿Una pelea entre nosotros para el disfrute de todos? ¿Más ejercicios? La sola idea me aterra y es que estoy harto de hacer siempre lo mismo. Bajo a desayunar y veo, otra vez a Lilieth, corriendo hasta donde estoy y me da un abrazo. 

Desayuno y me voy hasta la sala de entrenamientos, donde veo con asombro que en vez de estar todo preparado para hacer los ejercicios, hay un montón puestos donde hacer alguna otra cosa para que no se haga monótona la espera hasta la Cosecha. Así que esto era la sorpresa, me alegro porque haber si aprendo alguna otra, aparte de pelear. 

Me paso media hora viendo, todo lo que hay por allí. De repente, me paro con curiosidad frente a un puesto en el que hay un montón de cuerdas de distinto grosor. Me acerco y veo que son para hacer distintos tipos de nudos. Que si el nudo del pescador, que si el recto... Hace tanto tiempo de esto, que casi ni lo recordaba. Me acerco al profesor encargado de aquel puesto que me da una cuerda blanca y de medio metro de largo. Siento curiosidad por lo que puedo hacer y me quedo apoyado con un hombro en un poste.

Un rato después tengo las manos enrojecidas y la cuerda hecha una bola, por todos los nudos que he intentado y no he conseguido. Me siento de espaldas al puesto e intento deshacer todo lo que tengo hecho cuando unos brazos se pasan por mi cuello y se entrelazan con mis manos. Cogen la cuerda y con cierta lentitud empiezan a formar el nudo... ah, sí el nudo del ahorcado. Para un novato, es dificilillo, así que cuando me giro y veo que es Lilieth, me quedo pasmado. Cuando ella ve mi cara se ríe y dice - Jo tío, ¿Qué pasa? ¿Qué te creías, que las chicas somos unas inútiles, o qué?

- No sólo que no sabía que supieras hacer nudos también. 

- Bien, me alegro que pienses así, porque cuando te veas que tienes que hacer alianza con una chica, no la dejes de tonta, ¿Vale?

- Claro... - y se aleja sonriendo. Me pongo de nuevo con mi cuerda cuando me doy cuenta de que no me acuerdo de ningún nudo y le pido consejo al profesor que está por allí. Me enseña lo básico y rápidamente hago memoria. 

Al final del día tengo las manos encallecidas, muy rojas y tengo que ponerlas constantemente bajo agua fría. Pero estoy contento he aprendido bastante y me siento orgulloso de haber recordado todo aquello que una vez mi padre me enseñó. 

Me voy a dormir aún más nervioso de lo que me levanté. Nos queda muy poco tiempo y siento con pena, que al menos uno de los nuestros no va a volver, puede que incluso sea yo. 

Por eso, cada vez hay más parejas de enamorados, sin saber si despedirse ahora que tienen tiempo, dejarlo para el último momento tras la cosecha o si directamente pensar en el suicidio y querer ir los dos, para intentar salvar al otro. Por que hay que tener muchísima suerte para que los dos vallan a los juegos, en diferentes años y que los dos vuelvan a casa relativamente sanos. Es casi imposible. Así que durante estos días, las amigas del alma se despiden y los enamorados se dedican los últimos besos. Luck y yo simplemente nos miraremos y chocaremos los puños en modo de despedida. O eso creo, porque ni uno ni el otro somos muy pasionales. 

Las horas cada vez se pasan más rápido y nosotros tenemos pesadillas de muerte cada vez que cerramos los ojos. Se ven ojeras disimuladas con maquillaje y otras tan azules que parecen hechas con rotulador. Yo lo soporto con bastante entereza, ya que me he pasado gran parte de mi vida aquí, con pesadillas cada noche así, que para mi todo esto no es nada nuevo. El último día se hace casi insoportable por los típicos tributos profesionales que van a los juegos para conseguir fama y que no entienden la pena que recorre el distrito, dicen que deberíamos sentirnos orgullosos de que el Capitolio haga todo esto. 

Incluso la mayoría, se sienten desgraciados por tener que representar a un distrito cómo el nuestro. Hubieran preferido el primero por supuesto, pero le has tocado este y no tienen otra opción posible. Yo ni me quejo ni lloro desconsoladamente, aunque la verdad es que no me importaría, pero por respeto a mis padres que no me vean como un llorica, me hago el fuerte. Esto hace que la gente venga hacia mí, en busca de recogimiento, para que esté con ellos. En una de estas veces, estoy con un chaval mayor que yo en 2 años que llora por su novia que está fuera de este lugar, recogiendo perlas. Llega un momento en el que me mira y dice con tranquilidad - ¿Qué pasaría si yo mañana aparezco muerto, Finnick? Quiero decir, que me he suicidado. 

- Pues que le echarían la culpa al pobre que pasara por allí y lo ejecutarían - digo tan tranquilo mirando el reflejo del sol en el mar. 

- ¿Porqué? Él no ha tenido la culpa...

- Claro que ha tenido la culpa, te ha encontrado muerto, seguro que le echan la culpa por haberte matado. Así es como el gobierno evita una sublevación en todos los distritos.

Y el pobre, tras haberlo meditado sigue llorando por ni siquiera poder suicidarse y que nadie muera por su culpa. Y menos mal que no le he dicho que ni siquiera podría acercarse a la puerta sin tener plantarle cara a dos docenas de Agentes de Paz, dispuestos a que no salga nada de aquí. 

A la mañana siguiente, le acompaña un día plomizo, en el que parece que va a llover. Me extraña que no halla hecho el gobierno algo, para que hoy sea un día hermoso. Se respira un aire profundamente triste, todos nos despedimos de los otros, incluso siento temor por no volver a ver a Lilieth, que se a convertido en la hermana que nunca pude tener. Y Luck, que somos uña y carne, que es un hermano, un buen amigo y mi mayor rival en una persona. Los profesores que siempre nos han ayudado a movernos por el mundo, aunque fueran duros con nosotros. Y Ariel, que para mi profunda sorpresa, viste de negro y me espera con cara triste. Me acerco a ella y pone con suavidad sus brazos en mi nuca. Le abrazo y me despido mentalmente de ella. Parece increíble, que se halla acercado hasta aquí para verme posiblemente la última vez. Acerca sus labios a mi oído y me dice en un susurro - Suerte. 

Después de eso, se marcha corriendo hacia la calle, con su maravilloso pase especial, que le deja pasar a donde quiera. La veo alejarse y me voy corriendo con los miembros de mi grupo, para marcharnos todos juntos en la que puede que sea la última vez, a la plaza mayor, lugar de la Cosecha.

Historias de Finnick Odair. Capítulo 32, Confusión.

Miro a Ariel, echando chispas por los ojos. Definitivamente, me cae mal y no entiendo de que va. Al principio parecía maja, pero se fue convirtiendo cada vez en una persona más rara. Bueno eso, o que así son las relaciones en el Capitolio: extrañas, sin sentido y muy complicadas. Casi desbordado por la rabia, me acerco a ella y la miro con odio, haciendo que el espacio entre nosotros sea pequeño. Se siente incómoda, incluso retrocede unos pocos centímetros. 

Con un susurro, cerca de su oreja para que sólo ella lo oiga,  le digo duramente - No sé a que juegas, pero conmigo has acabado ya. Para que no caigas mas bajo, para que no quedes cómo una idiota, vete. 

Así. Sin más. Me he cansado de esa niña pija y su mal humor. Me vuelvo hacia Annie, a la seguro tengo que dar explicaciones o algo, Ariel a venido tan rápido que ni siquiera me ha dejado presentarle a la que era mi antigua vecina. Así que me acerco a la chica, que me mira con una mezcla de furia y pregunta en sus preciosos ojos chocolate. Le cuento brevemente lo que pasa con la tía esa y me dice - No me extraña que estés enfadado con ella - Y sonríe, de esa manera que amansaría a una fiera.

Hablamos un rato más, pero se nos acaba el tiempo. Tengo que marcharme pronto y últimamente están pasando lista para ver si llegamos con nuestros respectivos grupos. Es raro dicen que es para que nadie se escape con otra persona, presumible mente para ir a perderse con la pareja o con la persona que te guste. Pero me huele raro, creo que sirve para que nadie nos escapemos de la Academia, justo cuando queda tan poco para que comiencen los Juegos del Hambre.

Así que me levanto y para que el peso de la tensión en medio del silencio se haga más ligero entre ella y yo, me quito los granitos de arena del pantalón. Me voy a levantar cuando ella, me agarra de la muñeca. Me detengo y veo que sus ojos brillan cómo diamantes. Se levanta y veo que casi somos de la misma altura. Se acerca lentamente a mí, dejando claro que le importa bien poco que el espacio entre ella y yo sea casi inexistente.

- Finnick...- murmura. 

Mi mente está hecha un lío total. Y creo que le confusión llega a mis ojos porque se retira un poco, con la cara encendida por el color. Pone las manos a su espalda y me mira con cierta pena. 

- ¿Tienes miedo? - susurra. La pregunta me deja un poco confuso.

- A todas horas - le digo. Pareceré un tipo muy duro y tal, pero tengo tanto miedo que a veces me parece que ese miedo inunda mis ojos. Me aterra que alguien lo pueda ver.

- ¿De qué tienes tanto miedo?

- De que cierre los ojos y cuando los vuelva a abrir esté solo... bueno, que tú no estés a mi lado...

- No te preocupes Finnick, siempre estaré a tu lado aún cuando incluso parezca que no lo estoy ¿De acuerdo?

- Vale - digo tímidamente. Qué pedazo de tía. Menos mal que tuve la suerte de conocerla. 

Sonríe y me da un abrazo bien fuerte. Luego se alza de puntillas e increíble mente cerca de mi boca, me planta un beso de despedida. Vuelve a sonreír y se va corriendo con su cubo lleno de conchas para la habitación de su madre. No sé pero la sensación de sus labios contra mi piel me proporcionó energía renovadas y salí de aquella cueva, con una risa tonta. 

Fui corriendo hasta alcanzar a mis compañeros que hacían el camino de vuelta hasta la academia. Me encontré con Jareth y Jeff, que al ver mi mirada risueña y mi injustificada risa tonta, empezaron a hacer teorías. Me reí con ganas, era feliz, no lo era desde hacía tiempo y me gustaba esta sensación rara que corría por mis venas. 

Historias de Finnick Odair. Capítulo 31, Celos.

Encontrarme aquí a 4 chicas, que pasaron de ser cómo hienas a dulces cachorros, me impresionó y más cuando delante de mí tengo a una Ariel, que se esfuerza en no posar sus ojos sobre mi cuerpo. Cierro la puerta del cuarto y veo que en sus grandes y bonitos ojos hay una mezcla de duda y curiosidad, por saber lo que pasará. 

Así que me cruzo de brazos y me apoyo sobre el marco de la puerta, esperando a que diga algo. Quizás un lo siento o simplemente la razón del porqué lo ha hecho. La miro pero parece estar atemorizada, lo que me da pena, pero recuerdo que fue ella la que hizo este plan, para pillarme desprevenido. 

Cruzo la habitación y me siento en una silla. Aún estoy húmedo, pero no quiero perder la distracción que tiene Ariel y haber si así puedo sacarle toda la información que necesito, sobre su plan.

- Bueno...Ariel, que teníais pensado hacer, ¿entrar en el baño y pillarme desnudo? - y la miro con furia, no sabiendo que hacer con ella, si echarla de aquí o qué. 

- Pues...Mmm...N-No-Nosotras, no s-sabíamos lo que podíamos e-encontrar, s-sólo que-queríamos entrar a darte un p-pequeño susto...- y se pone a mirar el suelo con intensidad, cómo si quisiera fundirse con él.

- Valla a si que un pequeño susto, ¿eh? ¿Y se puede saber de donde sacasteis las laves de la  habitación? - y lo único que se me ocurre es que se le hallan caído por ahí a mi colega del alma. 

- Una de las chicas, pensó que la mejor manera de hacerte una broma sería, entrar cuando menos te lo esperases, así que en el comedor se sentó junto a Luck y empezó a contarle que siempre lo había visto más que un amigo, que lo amaba en secreto y esas cosas, entonces ella le propuso celebrar que eran algo así cómo una pareja, marchándose al parque a besarse. Fue allí donde le quitó la llave y me la dio a mi, porque estaba escondida por allí cerca. 

A cada palabra, más odio sentía por ella y sus juegos de niña del Capitolio, no era por broma o tonterías de esas, sino porque quería obligarme a ser su novio o algo así y y no me doblego ante nadie y menos cuando utiliza a mi amigo para hacer de las suyas. Mis ojos chispean de odio y me pide perdón cómo si estuviera arrepentida, pero lo único que hago es cogerla por el  brazo y sacarla fuera del cuarto. 

La miro con una mezcla de odio y asco, antes de darle un portazo nada más haber salido. Yo pensaba que era una buena persona y mírala, intentando colarse después de haber utilizado a mi amigo. Me siento fatal, así que sin preocuparme por lo húmedo que aún pueda estar, me pongo el pijama y me quedo dormido al rato. 

Horas más tarde, llaman a la puerta. Es Luck, que llega de lo más contento, tras haber besado a una chica, muy intensamente. Le extraña que se la halla perdido la llave y cuando le cuento lo que pasó, me mira un poco asustado por lo que hacen las chicas cuando alguien les gusta mucho. Está un poco molesto que lo hallan utilizado así y eso que lo tuvo esperando más de media hora cuando Ariel lo llamó, pero la chica era tan guapa que no le importó esperar. Un poco enfadado con Luck, por no haberme defendido de alguna manera, me acuesto dejándolo con la palabra en los labios. 

A la mañana siguiente, me desperté y bajé solo al comedor, todas las chicas me miraban y seguro que era porque habían contado que me habían visto solamente con la toalla. Desayuno algunos cereales de chocolate con leche y un zumo natural, para empezar fuerte el día. Me acerco hasta la máquina de abdominales, me tiendo sobre ella y empiezo con los ejercicios. 1 hora más tarde estoy harto y me voy a practicar con el tridente, que me hace falta un poco de relajación mientras entreno. Pasado un rato a nuestro grupo, nos llaman para ir a hacer ejercicios a la playa. Es curioso, en todo el día no he visto a Luck, ¿me estará evitando? No le doy mucha importancia, así que me preparo y nos marchamos a la playa. 

Corremos, sudamos, nos ejercitamos y aún así parece que no es suficiente para nuestros profesores que lo único que les falte es incentivarnos con amenazas. Terminamos por el momento para marcharnos a comer. Llegando al comedor, me uno a Jeff y Jareth que comprenden, que me halla enfadado con Luck. 

Salimos de allí una vez que hemos  terminado de comer y nos volvemos a la playa, a hacer ejercicios de resistencia en el agua. Hacemos 2 grupos de 24 tributos cada uno y el nuestro es el primero en hacerlo. Tras la primera ronda de llevar peso atado a nosotros para fortalecernos, nos dejan descansar en la arena mientras que el otro grupo, hace el ejercicio. 

Me tiendo y escucho el ruido de las olas, las gaviotas de aquí para allá, el suave viento ondeando mi rubio pelo y que me acaricia suavemente mi mejillas, ese aroma a dama de noche que me gusta tanto... Y de pronto la mano de Jareth, da un toque suave a mi brazo, en plan de llamada haciendo que me levante sobresaltado. Lo miro con un poco enfado por despertarme de mi feliz momento de tranquilidad, pero el me mira y me señala a una persona que nos mira desde la lejanía. Fijo mis ojos y enfoco su pelo, su cara, sus ojos chocolate en los que me pierdo llegando al infinito, incluso en esas pequeñas pecas que tiene bajo esos hermosos ojos...¡Annie!

Sin pensármelo dos veces, corro hacia ella. Hace tanto que no la veía que ya casi me resultaba raro. Incluso a veces soñaba en que me echaba la bronca, por no visitarla tanto cómo ella hubiera querido, pero el hecho que ahora me sonría me alegra este día tan raro. Cuando he llegado a su lado, casi me abalanzo sobre ella. Estar con ella me resulta una experiencia, difícil de describir. Verme a sí de feliz, la ha puesto colorada pero acepta que entre mis manos recoja su rostro y le de dos grandes besos en las mejillas. No se esperaba que me pusiera tan contento, pero después de no verla durante varios días, que esta es mi única reacción posible. 

Le cojo una mano y me la llevo a una cueva que hay a unos cien metros y que te oculta decentemente de los curiosos del exterior. Me pide que espere un momento y recoge un cubo, con conchas de muchos colores y agua salada a la mitad. ¿Para que lo querrá? Le pregunto y dice que es para su madre, para decorar su habitación. Le llevo el cubo y nos acercamos a la cueva. Más tranquilo recuerdo, que no la saludé siquiera de lo emocionado que estaba por verla. La saludo y le pido disculpas por no haberlo hecho antes. Me estira suavemente de la mejilla y me dice algo que me deja alucinado "No hace falta que me digas nada, porque tu sonrisa lo dice todo". Y esa sonrisa que me regaló, fue deslumbrante, mejor cien veces, que la de la señorita del Capitolio. 

Charlamos durante un buen rato, nos lo contamos todo. Le digo lo que pasó con Ariel y se muestra indignada con la chica por haberse pasado de esa manera. Aburrida empieza a dibujar con un caballito de mar, con bonitos detalles. Me habla de alguna cosa pero no me entero, porque me estoy fijando, en lo bastante que ha cambiado en tan poco tiempo. Ha crecido, su pelo es muy largo y su rostro se ha endurecido por el sufrimiento, lo que la hace más mayor. Sus manos y sus dedos, son delgados y delicados, pero acostumbrados a trabajar tejiendo redes con agujas de hueso de tiburón. Hoy parece una modelo: lleva una sencilla camisa blanca y una falda muy larga que le llega a los tobillos, parece que realmente hoy halla salido de casa, para embrujar a algún chico con su encanto y dulzura. 

De pronto las palabras que salen de sus labios, toman sentido en lo que dice - ...y me dice, bueno si a ti no te molesta, me voy a quitar la camiseta que tengo mucho calor, ¿Vale? y yo pues claro sin saber si me lo estaba preguntando o pidiendo permiso le digo claro que sí ¿Pero de que va ese chaval? Es algo que no entiendo...

- ¿Qué te dijo ese tío? - le pregunto de repente. 

- Haber Finnick, ¿No lo entiendes? - me pregunta extrañada.

- No muy bien, creo que será mejor que me lo expliques porque si no, no me entero.

- Resulta que estaba en el muelle, trabajando con mi madre, porque acababa de salir del colegio y le quedaban 12 redes por arreglar, cuando se nos acerca Leo y nos pregunta, ¿Os puedo ayudar a terminar vuestras redes? Y me miró. Mi madre se dio cuenta y se hizo la cansada y se fue a casa a terminar el almuerzo. Así que se sienta y termina la que estaba haciendo mi madre. Nos pasamos un rato sin hablar nada. Pero yo de vez en cuando, notaba que me miraba y a mí me daba mucha vergüenza, así que me hice la loca y durante un rato nadie habló. Si tu supieras el calor que hacía, me caían gotas de la frente y claro me dice, bueno si a ti no te molesta, me voy a quitar la camiseta que tengo mucho calor, ¿Vale? Yo no sabía si me estaba pidiendo permiso o algo y le dije que claro, pero valla para ser tan pequeño no es muy normal que tenga tanto músculo porque sinceramente, parece que quiera entrar en la academia. Al final, terminamos le di las gracias y me marché. Pero no sé miró con esa cara tan rara, cómo si esperara que le dijera algo más, que con el gracias no era bastante, ¿Sabes? - se mordió el labio y la abracé. 

Le expliqué, que el chico ese se esperaba más de ella, quizás incluso una cita. Pero al no, decirle nada le calmó los nervios y seguro que la dejaba en paz. Y todo esto la calmó a ella, que nunca había vivido situaciones tan extrañas. Escuché unos pasos en el exterior, iban despacio y desde adentro se veía una sombra que se pegaba a la pared. No podía ser que cualquiera que pasase por allí, decidiera esconderse para escuchar conversaciones ajenas porque sí. Así que debía ser alguien que nos había visto, entrar aquí y que quería escuchar conversaciones privadas. 

Silencié a mi amiga y ella se dio cuenta de que nos espiaban cuando vio la sombra, así que con voz potente dije - ¡Sea quien sea que se muestre, que sabemos que estás ahí!

Hubo un suspiro y entró. A decir verdad no me extrañé demasiado, era Ariel. Después de lo de anoche, me había casi acostumbrado que hiciera cosas así. Me saludó y puso cara alegre pero cuando vio a Annie, su cara fue cómo si acabase de vomitar, de asco y total repugnancia. Intentó llevarme con ella, pero no me dejé. Quería estar allí y no me movería nadie y menos ella.

Historias de Finnick Odair. Capítulo 30, Sólo con la toalla.

Tras mucho entrenar, salí por el distrito a dar una vuelta. Quería a ver a Annie, pero no quería molestarla con mis problemas cuando ella los tenía mucho peores. Caminé por la playa, me bañé y cuando me marchaba una vocecilla decía mi nombre, era aguda y algo familiar. Me volví y descubrí a una chica corriendo por la playa, acercándose a mí. No pude ver realmente quién era hasta que estuvo a unos quince metros. Era Ariel y para mi sorpresa llevaba un mono de la Academia. Se acercó, me saludó y me dio dos besos en las mejillas. Cómo había notado hacía poco, el mono de las chicas se adaptaba a la figura y ese no era diferente. Era guapa, pero con él parecía una chica letal. 

- Hola Ariel, ¿Qué haces por aquí?

- Bueno, me aburría y me pregunté si te gustaría dar una vuelta conmigo - me comentó añadiendo una deslumbrante sonrisa. 

Esa imagen me dejó un poco atontado, esos dientes tan blancos definitivamente eran por cirugía o algo - Valla... Claro, claro que sí. ¿Me acompañas?

- ¡Claro! - Y se aferró a mi brazo derecho con increíble fuerza.

- Una cosa Ariel, ¿Te has unido a la Academia? Perdona que te lo pregunte pero, he visto que llevas el mono puesto y me...- y me calló, poniéndome el dedo índice sobre los labios, dejándome terriblemente extrañado y raro. ¿Así eran todas en el Capitolio?

- ¡Ay, Finnick tú siempre tan rebelde! Claro que no, pero resulta que mi ropa no ha llegado aún y no sabes que poco aguanto si no me cambio de ropa cómo poco tres veces al día, pero si me mancho, me tengo que cambiar otra vez y enseguida, ¡por supuesto!

- Aaah, bueno... - no sabía que decir. 


- ¿En que piensas, guapo? - me miró con los ojos deslumbrantes. 


- No sé supongo, que en lo que me entrenaré mañana - le contesté. Aquello era raro. Si aquella situación es parecida que tener una novia, no quiero comprometerme en mucho tiempo. El brazo al que estaba agarrada, el derecho, empezaba a quedarse sin sangre, de lo fuerte que se aferraba a él.


Se quedó un poco disgustada con la respuesta que le dí, pero no le dí importancia. Ella y yo caminábamos en silencio, cada uno a lo suyo, a la vez que atraíamos las miradas de curiosos. A ella se le notaba en todo que no era de aquí, que pertenecía a un distrito muy rico y además, llevaba esa ropa con la que se le marcaba toda la figura. Yo que era hijo de personas muy conocidas aquí, así que resultaba raro vernos juntos. 


Había momentos en los que pensaba que estaba traicionando la memoria de mis padres, pero sobre todo la de mi padre, pero no por ello, iba perder la oportunidad de hacer nuevas amistades y más si se trataba de alguien tan importante como ella. Nos íbamos acercando a la academia, mientras que las estrellas se iluminaban cada vez más. En poco tiempo tendría que entrar, para ducharme, cenar e irme a dormir. Nos despedimos con la mano y la vi alejarse, con su melena rubia ondeando al viento y pensé que quizás no fuese muy mala persona. 


Aquella mañana me levanté relajado. Había tenido un sueño bonito, en el que mis padres me sonreían felices, mientras jugaban en la playa. Después de que anoche alguien de la academia viese que Ariel y yo paseábamos, todos creen que somos novios. ¡Valla tontería! No le dí muchas vueltas al asunto y me fui a pelear con la espada ya que con la lanza me manejaba bien. Durante horas me esforcé en evitar miradas llenas de pena de las chicas, que pensaban que tenía novia y la algunos de los chicos, que me miraban con rabia por "haberme ligado a la tía más buena, hasta ahora en la academia". Y para mí todo aquello era totalmente nuevo.


Al final me decanté por llevar en cada mano una espada, que me daría mucho más juego que con solo una. Teníamos un montón de espadas distintas y de modelos muy antiguos, cómo la cimitarra, que era una espada con forma curva, que utilizaban en las batallas los antiguos árabes y que era mortal. Si llevabas dos, te sentías letal y si encima las sabías manejar bien, podrías matar a todo aquello que se te pusiera por delante. 


Aunque me quedaba mucho por aprender de este estilo de lucha, sabía más que incluso alguno de los mayores. Aquella noche, a pesar de que tenía muchas ganas de dar una vuelta, no podía. Me había hecho polvo los brazos, los hombros, la espalda y es que manejar bien dos espadas, necesitas ejercitar mucho los brazos y moverte mucho. Así que fui, a cenar un poco de sopa con marisco. Para terminar me fui a ducharme y descansar de todo el ejercicio. Al día siguiente me pondría a hacer flexiones y abdominales para ir empezando a lucir torso en el caso de que en una semana y media, me tocara ir despidiéndome de aquellos a los que quiero para ir a los juegos.


Me estaba duchando, cuando alguien entró en la habitación. Inmediatamente pensé en Luck.


- Luck, ¿eres tú?


Silencio


Je, seguro que entraría a darme un susto o algo parecido para que me olvidara de los rumores. O simplemente para que nos echáramos unas risas, porque el tío, a más mayor más travieso. Así que estando de espalda a la puerta llaman, con un par de golpecitos. Me río, ni que le diese vergüenza, ¡que él es un año mayor que yo! Se abre ligeramente la puerta.


Así que voy a decirle que pase, que estamos en confianza, que llevamos dos años juntos cómo para que empiece a sonrojarse ahora. Pero hay algo raro en el ambiente. Una colonia, huele cómo a fresa, lavanda y manzana valla,¿de quién será? ¿Habrá traído a alguien? Pues yo estoy muy cansado cómo para que me diga que me marche un rato, para que el pueda morrearse con ella. Me estoy aclarando el pelo, porque aún está espumoso, con todo el champú olor a limón que me suelo echar y que le da un olor fresco a mi cabello. 


Concentrado en disfrutar del agua caliente huelo, el mismo perfume, que había en el ambiente. ¿De donde procede? ¿De mi ropa? Espera, viene desde el mono de entrenamiento que utilicé ayer y que me dejé aquí...


Y me viene un nombre a la cabeza ¿Ariel? Ella se agarró a mi brazo, por eso el lado derecho huele más que el otro a colonia. ¿La habrá traído a ella? Pero si es muy rara... Mi pelo está totalmente aclarado, así que decidido a que no me vean desnudo, en medio de la ducha, cojo la primera toalla que veo y me la ato como puedo a la cintura. Voy a coger otra para el pelo, cuando de pronto la puerta se abre, y veo a varias chicas en la habitación. 


Me río al principio inseguro, parecen una manada de hienas que van desesperadas a por un cachorrito, pero en sus ojos veo que no creen lo que ven sus ojos, ¿Yo, el "tío más guapo de la academia" medio desnudo y delante de ellas? Imposible. Pero no, ahí está y yo las miro, con una mezcla de chulería y diversión. 


Entra Ariel y sus ojos se abren como platos ante aquella escena. Lleva las llaves de Luck,  que a saber cómo las ha perdido. Sin saber bien qué decir, les pido que se marchen, menos a Ariel, con la que tendré una interesante conversación.