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jueves, 27 de marzo de 2014

Historias de Finnick Odair. Capítulo 20, El último Adiós.

Desde el momento en el que Luck y yo cerramos la puerta de nuestra habitación para hacer una pequeña escapada, noto que un escalofrío me recorre la espalda. Luck se pone en cabeza y le voy siguiendo lo más silencioso que puedo, en el trayecto hasta la puerta de la entrada. Cuando casi hemos llegado a la puerta vemos que el recepcionista, se ha quedado profundamente dormido, con las noticias del Capitolio, en las que sale el distrito 13, casi totalmente destruido y veo que la reportera se aventura a acercarse a un edificio abandonado.

Mi compañero con un suave empujoncito, abre la puerta y saliendo con cuidado, para no hacer ruido. Al fin, salimos al exterior cuando hecho a correr, no quiero perder ni un minuto del poco tiempo que tenemos. Es una noche preciosa, iluminada con una luna enorme y blanca. Nos vamos acercando a nuestro destino y voy recordando mi pequeño discurso, el que con gran pena, le voy a decir a Annie. 

Nos acercamos a su casa y le indico a Luck, que por favor se quede afuera, él asiente, mientras se aleja y yo poniendo un pie encima de una jardinera con margaritas, me impulso hasta su ventana abierta. El cuarto está maravillosamente iluminado por la luna y le da a un toque mágico. Me acerco a su cama y le acaricio su melena oscura. Se despierta y me mira cómo si fuera lo más bonito que ha visto nunca. Se incorpora y me abraza por el cuello, mientras con susurros empiezo a contarle lo que tenía preparado durante algunos días. 

- Lo siento, Annie, tu sabes que nunca me convertiré en alguien de quien puedas avergonzarte y que además... - me pongo intensamente colorado, temo esta parte, hablar de los sentimientos es complicado - conmigo no hay futuro estoy destinado a pelear y quizás morir, habiendo limpiado el nombre de mis padres, espero que te acuerdes de mí cuando, digan lo que hice en los Juegos...- y me acuerdo de la carta del Presidente Snow. Mantengo firme mi idea de que pague, por todas las muertes de niños inocentes.

- Finnick, no pienses así, sólo pelea por lo que crees, ¿vale? - se levanta y me mira con tristeza.

- De acuerdo te dejo la pulsera que me dejaste, porque yo prácticamente estoy muerto...- pero me corta mientras hablo negando firmemente.

- Quédatela, la necesitas más que yo - y mientras habla, me doy cuenta de que intenta disimuladamente, secar una lágrima.

Estoy triste, pero me voy acercando a la ventana y cuando estoy a punto de salir al jardín, miro atrás por una última vez y veo que Annie se despide y yo con lágrimas en los ojos, le digo - Adiós, Annie - y salto al jardín haciendo un ruido sordo.

Me acerco a Luck y con un gesto de la cabeza, le indico que nos vamos. Él asiente y sin hacer ruido, nos vamos corriendo, por la calle y mirando a nuestras espaldas por si alguien mira por las cortinas. Llegamos a la Academia y nos acercamos, lo más silenciosamente que podemos a la puerta. Luck pone la oreja contra la puerta y escucha atento. Nada.

Empuja suavemente y vamos entrando, y cuando va a cerrar la puerta, pasan dos agentes de paz, que por desgracia, se quedan mirando hacia donde estamos nosotros. Menos mal que está oscuro y no nos ven. Entonces, puedo ver como Luck, me hace señas para que lo siga y valla hacia el interior. Hago lo que me dice pero no entiendo lo que hace, ¿Va a dejar la puerta abierta? 

No alejamos de aquella zona, pero puedo oír a lo lejos, que los agentes se acercan al recepcionista y lo van despertando. Llegamos a la habitación, y por fin después de mucho tiempo, siento cómo si me hubiera quitado un enorme peso. Me tiendo en la cama y veo que Luck, se ríe y lo miro sin comprender.

Me explica que al tío de ahí fuera, le puede caer una buena, pero le da igual, dice que le gusta aterrorizar a los de primero y que suele mostrarse pesado con las chicas, sobre todo con las más guapas y que nunca nadie le ha dicho ni le dirá nada. Así que alegre, que por una vez le digan algo, me duermo pero con sueños de los más extraños en los que Annie entra y sale, llorando a más no poder.

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